lunes, 3 de agosto de 2009

A propósito de Democracias

Se ha hablado mucho de la crisis política que se está viviendo en Honduras. Para algunos ha sido un hecho más del autoritarismo militar y una demostración de fuerza de la oligarquía hondureña, mientras que para otros Manuel Zelaya es un ejemplo más de los nuevos presidentes que intentan enquistarse en el poder y de trastornar la democracia tal como la conocemos.

Ante estos hechos, es importante un análisis cuidadoso de la realidad despojándonos del sentimiento y de toda tendencia ideológica. Con este preludio, es importante observar los hechos desde una óptica global y no en un enfoque reduccionista y simplista de la situación.

La pregunta inicial es: ¿Lo acontecido en Honduras es un hecho aislado o producto de la situación política que está viviendo Latinoamérica? Es fácil pensar que la crisis de la “joven democracia” hondureña se debe a que aún falta institucionalidad o que aún no existe un Estado de Derecho establecido; como también se le puede atribuir a fenómenos causales como ‘Mel’ Zelaya, los cuales reviven el miedo de los megalomaníacos que otrora amenazaran con destruir la paz social; pero poniendo atención a los sucesos nos podemos dar cuenta que la situación va más allá que una crisis política en un país Centroamericano y que ha sido una situación que ha trascendido fronteras y la cual ha puesto a Honduras en el mapa mundial de noticias.

Profundizándonos un poco en el análisis, hay que admitir que es innegable el crecimiento que está teniendo la izquierda Latinoamericana en los últimos años. Muchos analistas opinan que es una tendencia normal en países donde han existido dictaduras militaristas, otros lo atribuyen al fenómeno de Chávez y su influencia sobre la región. Sin embargo, esta expansión de la izquierda ha sido vista negativamente por los sectores conservadores con el argumento de que son atentados contra la “democracia”.

Al respecto es muy interesante notar que Latinoamérica al igual que otras regiones en el mundo, han adoptado definiciones internacionales sobre desarrollo, pobreza y democracia, entre otras. Por ejemplo, se habla de desarrollo cuando hay un alto nivel de infraestructura, carreteras, puentes, centros comerciales, empresas transnacionales, hospitales de alto nivel e inclusive estos elementos se asocian al valor de la “libertad”; es decir, las personas pueden “escoger” que marca comprar, donde hacerlo, donde salir de paseo, en que restaurante comer. Y curiosamente realizan el siguiente silogismo de pensamiento: Si hay democracia, hay libertad y si hay libertad, hay desarrollo. Es por eso que no es raro ver cuando la extrema derecha habla de “defender la libertad” el mantener su sistema político, sus reglas del juego, su economía de privilegios y mantener sus grandes empresas, ya que con esto consiguen atrofiar el raciocinio popular y promover un estilo de vida consumista de la población en detrimento de sus propia economía doméstica. La pregunta ahora sería: ¿Qué tan válidos son los conceptos internacionales de desarrollo, pobreza y democracia aplicados a nuestra realidad latinoamericana?

Latinoamérica tiene su propia identidad, quizás en muchos aspectos vulnerada por otras culturas, pero sus raíces y su contexto histórico la redefinen como otra sociedad, otra realidad. Es por eso que conceptos convencionales como el de desarrollo no se pueden aplicar de igual forma, por ejemplo, a un obrero parisiense que a un campesino andino. Viven realidades y ambientes muy diferentes.

En el ambiente político la situación es la misma. La democracia que se vive en Francia es una democracia diferente a la que se vive en Perú. Ambas serán democracias pero en realidades completamente distintas.

Quizás estamos llegando a un momento histórico en donde muchos conceptos cambiarán en nuestros países. Así como hace unos años China Comunista ha abierto sus fronteras al comercio exterior bajo un esquema capitalista o tenemos a un Estados Unidos que está en camino a socializar su salud y mantener una economía proteccionista y subsidiaria; así en medio de todas estas situaciones la democracia en Latinoamérica también está cambiando, tal vez de un sistema democrático partidista a uno más popular en donde finalmente las masas sean escuchadas y la agenda política sea la agenda del pueblo.

Chávez, Zelaya, Correa y los demás presidentes de izquierda de Latinoamérica son únicamente la expresión de los cambios que se están generando. Son producto de años de represión política, opresión económica y exclusión social que han sufrido nuestros pueblos. Obviamente siempre habrá una resistencia al cambio sobretodo de los grupos de poder que les ha beneficiado el sistema de clases y los privilegios existentes hasta el momento y que no cederán su influencia fácilmente, tal como se puede observar en Honduras.

Entonces Latinoamérica está experimentando una nueva democracia, una democracia de acuerdo a su historia, a su economía, a su medio ambiente, a su condición social y que finalmente está escuchando el clamor de la gente y que está reivindicando las centurias de explotación, martirización y opresión que ha vivido desde la época de la colonia.

Por último, la democracia Latinoamericana no está en crisis ni está convulsionando como muchos lo quieren hacer ver, sino esta en evolución hacia su propia definición, apegada a su realidad y lejos de la influencia tradicional de convencionalismos internacionales y más cercana a lo que etimológicamente significa democracia: El gobierno del Pueblo.

jueves, 2 de julio de 2009

Las Lesiones por Arma de Fuego en El Salvador: Un Problema de Salud Pública.


La Violencia aparece como uno de los problemas más graves de las sociedades latinoamericanas. A fines del siglo XX ya era la primera causa de muerte en América Latina en las personas de 15 a 44 años de edad (OPS/OMS, 2003).

La OMS señala que, a fines del siglo XX, el 63% de los homicidios mundiales eran ocasionados por armas de fuego. En América Latina esta cifra sobrepasaba el 80% (Briceño-León, 2001). La tasa de homicidios en dicha región es, junto con la de África, aproximadamente tres veces más alta que las del resto de las regiones (OPS/OMS, 2003). Se estima que América Latina tiene la tasa específica de homicidios más alta del mundo; la misma es aproximadamente tres veces superior a la de África, cinco veces mayor que la de Norteamérica, Europa Central y Europa del Este, y cuarenta y ocho más alta que la del Oeste de Europa (EAP, 2004).

La tenencia y el uso de armas de fuego se consideran entre los principales factores responsables del aumento de los niveles de violencia. En algunas investigaciones se ha observado que las áreas con mayor número de armas presentan mayores tasas de homicidios por armas de fuego así como la presencia doméstica de armas de fuego para la autodefensa aumentan las probabilidades de ser una víctima de homicidio (Szwarcwald & Castilho, 1998; Briceño-León, 2001; Cardona et al., 2005; Peres &Santos, 2005).

En particular la tenencia y el uso de armas livianas y pequeñas es lo que se relaciona con los hechos de violencia en países con altas tasas de homicidio, como en países con tasas históricamente bajas. Se consideran armas pequeñas o livianas “aquellas que pueden ser usadas y transportadas por una o dos personas, por ejemplo las pistolas, revólveres, escopetas, rifles y ametralladoras pequeñas” (Desarme.org. 2002). Debido a su tamaño, fácil adquisición, bajo costo, durabilidad y facilidad de uso, en las últimas décadas se ha extendido el uso de este tipo de armas en el mundo, convirtiéndose en el vehículo de la mayoría de muertes y heridas en los enfrentamientos entre personas (Saín, 2003).

En El Salvador circulan unas 450.000 armas de fuego, el 60 por ciento ilegales, según el estudio “Armas de fuego y violencia” (PNUD, El Salvador 2003). El país tiene una tasa de 59.9 homicidios por cada cien mil habitantes en 2005, casi el 80 por ciento cometidos por armas de fuego. La mayoría de personas asesinadas fueron hombres jóvenes de entre 18 y 30 años. La percepción de inseguridad también va en aumento, según una encuesta del periódico La Prensa Gráfica y ya se ha constituido en la principal preocupación de la ciudadanía, por encima incluso de la situación económica.

La violencia está imponiendo, además, un elevado costo a El Salvador, De acuerdo con las estimaciones efectuadas en ¿Cuánto cuesta la violencia a El Salvador? (PNUD, El Salvador 2005), el costo de la violencia supone el 11.5% del PIB, un monto aproximado de unos US$1,723 millones. Este costo equivale a casi el triple del monto de recursos que se necesitarían para garantizar cobertura universal en servicios sociales básicos a la población salvadoreña, los cuales se estimaban en 4.3% del PIB en el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2003.

Del presupuesto correspondiente a 2002, el mayor porcentaje (59%) se concentró en los hospitales de segundo y tercer nivel, mientras una tercera parte se invirtió en el primer nivel, donde se realizan casi todas las acciones de carácter preventivo, además de las acciones curativas básicas. Esto implica, que el Sistema de Salud Salvadoreño atiende en forma teórica a un mayor porcentaje de población a través de Hospitales y Unidades Médicas Nacionales, quienes reciben los pacientes lesionados por armas de fuego. En este sentido la violencia golpea en forma directa a los Sistemas de Salud Pública así como a la Seguridad Social, lo cual indica que una parte de los recursos que pudieran asignarse al control y erradicación de enfermedades infecciosas y crónicas degenerativas que aquejan a la población se están invirtiendo también en el manejo de los casos producto de la violencia social.

Para el caso concreto de las armas de fuego, un estudio realizado en 2003 por la asociación de Médicos Salvadoreños para la Responsabilidad Social (MESARES) el Hospital Nacional Rosales utilizó el 11.27% de su presupuesto anual (US$ 1,945,339.00) para la atención de pacientes con heridas por arma de fuego. Esta suma podría cubrir el funcionamiento de un hospital departamental por un año.

Asimismo el aumento en las lesiones por armas de fuego también implica la pérdida de años productivos del individuo. De acuerdo con los cálculos realizados y siguiendo la metodología de Lozano (1997), para obtener los Años Perdidos por Muertes Prematuras (APMP) se tiene que sólo en 1996 se perdieron cerca de 180 mil años de vida por causa de la violencia intencional (ver Cuadro 1). La mayor parte de años perdidos se debe a hechos principalmente en los que intervienen armas de fuego, mientras que las armas blancas y los traumatismos craneoencefálicos constituyen menos del 35 por ciento del resto de años perdidos, lo que se traduce en un déficit económico agregado al que se produce al gasto hospitalario.




lunes, 26 de enero de 2009

Reflexiones sobre el Foro Social de las Américas




Reflexiones sobre el Foro Social de las Américas



El 3er. Foro Social de las Américas (FSA) se realizó en un continente que vive hoy un doble desafío: Ampliar y consolidar el camino de los cambios políticos, económicos y sociales que se han abierto en los últimos años, y hacer frente a la persistencia de formas de dominación que buscan permanecer, profundizarse, que tratan de recuperar terreno y de bloquear esa corriente transformadora.



El 3er. FSA permitió el espacio para que los pueblos mesoamericanos que han vivido luchas heroicas a lo largo de su historia pasada y reciente, pudieran expresar su solidaridad, conocer mejor las experiencias (en algunos casos dolorosas) de otros países que se han enfrentado, a la guerra, la destrucción y al miedo originados por el desenfreno del gran capital.



Una parte medular del foro se desarrolló en torno a la salud tratando los siguientes aspectos:
1. La Atención Primaria de Salud en las Américas.
2. La Salud y el Medio Ambiente
3. Los Tratados de Libre Comercio y la Soberanía Alimentaria.
4. Diversidad e Interculturalidad en Salud.
En esta ocasión se ampliará sobre el primer tema.



La Atención Primaria de Salud en las Américas



La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió a la Atención Primaria en Salud (APS) como la asistencia esencial basada en método y tecnologías prácticas, científicamente fundamentadas y socialmente aceptables, puestas al alcance de todos los individuos y las familias, así como de la comunidad, mediante plena participación y a un costo que la comunidad y el país pueda soportar.



Además la APS debe ser interpretada en el contexto de los siguientes elementos:
-La APS forma parte integral tanto del sistema nacional de salud como del desarrollo social y económico.
-Es llevada lo más cerca posible al lugar donde vive y trabaja la gente.
-Concibe la salud como un derecho humano.
-Debe enfrentarse a los determinantes sociales y políticos de la salud, convirtiéndose así en el eje de desarrollo del sistema de salud.



Ante estos elementos, ¿Qué ha sucedido con la meta “salud para todos en el año 2000” propuesto en Alma Ata hace 30 años? Aun después del año 2000 se encuentra la persistencia de las desigualdades en salud, nuevos desafíos epidemiológicos y sociales a la salud, la necesidad de mejorar los sistemas de salud y saldar la deuda sanitaria pendiente.



En medio de la concepción económica de la salud que los Objetivos del Milenio plantean, el enfoque de la APS, como lo demuestra la evidencia global, sigue siendo el más adecuado y costo efectivo para mejorar la salud de la población.



Es así como la APS debe de revitalizarse no de una forma cosmética sino de manera profunda, no como un elemento aislado de un sistema sino como un nuevo sistema para la vida, tomando sus bases, principios y elementos primarios, entre los que se pueden citar:
-La Salud como un Derecho.
-La garantía del acceso a la atención apropiada.
-Acceso Universal.
-Lo preventivo, promocional, curativo y rehabilitado como un continuo.
-La continuidad e integralidad de la atención.
-Enfoque territorial: Lo individual, lo familiar y lo comunitario/ambiental.
-Organización de los servicios por niveles y escalones de complejidad.
-Primer contacto integral.
-Recursos humanos adecuados, tanto profesionales como comunitarios.
-La interculturalidad, género y la integralidad.
-La participación social.



Es un hecho que la APS ha tenido una diversidad de interpretaciones a lo largo del tiempo, surgiendo distorsiones como la APS selectiva (que no es mas que el brazo neoliberal sanitario) y otras distorsiones más del concepto original.



Otras barreras, factores y limitantes como la visión fragmentada de los conceptos salud y desarrollo, las reformas de salud que han dividido a la población, la segmentación del sector publico y privado, la ausencia de compromisos políticos, la participación comunitaria limitada sumado a la falta de sostenibilidad financiera y la escaza cobertura poblacional marcan un reto para la APS en este nuevo siglo.



Por lo anterior, se debe de retomar el espíritu original de la APS, tomando en cuenta su construcción histórica y reconociendo a la salud como derecho y política de estado. Asimismo debe de fortalecerse y reconocerse las experiencias de la APS existentes, destacando entre ellos los modelos de atención holística, integrales e integrantes tanto en lo biológico, mental, moral y espiritual.



Ante estos nuevos retos, se debe de renovar los planteamientos de la APS vinculándolos con los Objetivos de Desarrollo del Milenio con el compromiso del Estado en la transferencia e implementación de una tecnología asociada.



Por último, el financiamiento de la APS debe de hacerse con equidad y respeto a la naturaleza, en el que se procure el acceso universal y se construya la autodeterminación como pilar fundamental de la misma.